viernes, 11 de enero de 2013

visa al paraíso

En mi viaje a Tijuana del pasado año tuve oportunidad de conocer al nieto de un personaje singular, del que muy poco se sabe, y cuya labor en favor de los republicanos españoles en el exilio, tras la Guerra Civil, fue vital para su traslado a México. Algo había leído de él en la novela de Jordi Soler "Los rojos de ultramar" y en el libro de Alfonso Canales "A Coatzacoalcos, el puerto de la esperanza". Se trata de Gilberto Bosques Saldivar, un diplomático mexicano destinado en Francia durante el gobierno de Lázaro Cárdenas. La historia de este defensor de la libertad es realmente ejemplar, y no se circunscribe a ese episodio. Conoció el México revolucionario de Villa y Zapata, y tras su paso por Francia durante la Guerra Civil española pasó a Lisboa, donde fue trasladado como diplomático, y continuó ayudando a sacar españoles hacia la libertad, mediando ante la dictadura de Salazar. Más tarde fue el último embajador de México en la Cuba de Batista, y el primero en la Cuba de Castro. Una personaje que vivió en primera persona momentos históricos del siglo XX. No creo que tarden en hacer alguna película sobre él. De momento lo que ya existe es un documental, "Visa al paraíso" de Lillian Liberman, del cual adelanto noticia.

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Por Leo Zuckerman (Excélsior, 11/01/2013)

En la tradición judía, un “Justo entre las Naciones” es aquel no judío cuya conducta moral es tan alta que se merece una recompensa divina. El Museo del Holocausto Yad Vashem, ubicado en Jerusalén, utilizó este concepto para homenajear a aquellos gentiles que ayudaron a salvar las vidas de algún judío durante la persecusión nazi en la Segunda Guerra Mundial.
Dice el citado museo: “En un mundo de debacle moral generalizada, hubo una pequeña minoría que supo desplegar un extraordinario coraje para mantener los valores humanos en pie. Ellos fueron los Justos entre las Naciones, que remaron contra la corriente general de indiferencia y hostilidad que prevaleció durante el Holocausto. Contrariamente a la tendencia generalizada, estos salvadores veían a los judíos como seres humanos comunes y corrientes, incluidos dentro de su universo de obligaciones”. Y ofrece ejemplos de conductas de los Justos entre las Naciones durante el Holocausto: ocultamiento de judíos en los hogares de los rescatadores o en sus propiedades, falsificación de documentos e identidades, traslado clandestino y asistencia para la fuga, rescate de niños.
Yad Vashem tiene identificados un total de 24 mil 356 Justos entre las Naciones de los cuales sólo seis son latinoamericanos: dos brasileños, un chileno, un cubano, un ecuatoriano y un salvadoreño. Es lógico: la mayoría de los homenajeados son de países europeos donde se llevó a cabo la persecusión antisemita. No hay ningún mexicano, lo cual me parece una gran injusticia ya que por lo menos hay uno que se lo merece: Gilberto Bosques.
Don Gilberto nació en 1892 y murió a los 103 años en 1995. De joven, todavía en la adolescencia, se unió al movimiento revolucionario. Fue uno de los partidarios más fervientes de Lázaro CárdenasBosques tuvo siempre convicciones políticas contrarias al fascismo que en aquellos años era una opción política bastante popular en el mundo y en varios segmentos de la sociedad mexicana.
El presidente Cárdenas lo nombró su cónsul en Francia con sede en el puerto de Marsella. Bosques llegó ahí en 1939 y desde su posición diplomática se dedicó a salvar la vida de miles de refugiados. Por un lado, expidió miles de visas para que viajaran a México integrantes del derrotado ejército republicano español y algunos luchadores internacionalistas que habían peleado en España en contra del franquismo. Por el otro, el cónsul también libró visas a judíos que se habían internado al sur de Francia huyendo del nazismo, incluso contraviniendo la muy restrictiva política migratoria mexicana con los judíos perseguidos.
No sólo otorgó visas, sino que se encargó de mejorar las condiciones de los presos del campo de concentración de la Gestapo en Vernet, además de canalizar el dinero para comprar los boletos de barco de los emigrantes. En total, decía Bosques, “ayudamos a aproximadamente seis mil refugiados en Francia a llegar a México. Ciertamente, otros cuatro mil recibieron visa mexicana, pero se quedaron en Estados Unidos o en otras partes […]. Algunos utilizaron nuestros papeles para salir de los campos y unirse a la resistencia. Necesitaban los documentos para legalizarse”.
Bosques y su equipo de trabajo se dedicaron a hacer realidad su lema de “salvar vidas y más vidas”. Al respecto, recordaba: “Mis colaboradores no repararon en esfuerzos. A veces trabajaban día y noche, sobre todo cuando salía un barco. Acompañaban a los que iban a ser puestos a salvo, porque queríamos tener un panorama de quién realmente iba en el barco. Algunos eran arrestados poco antes y entonces se trataba de ayudarlos para que fueran liberados nuevamente. Cuando se vio repentinamente que aquéllos a favor de quienes expedíamos documentos no tenían fotografías para pasaporte y que rehuían dejarse fotografiar en cualquier lugar —pero también para ahorrar tiempo— instalamos un estudio de fotografía en el consulado”.
Dice Danielle Wolfowitz, quien hoy está viva gracias a Gilberto Bosques, que “no sólo salvó la vida de miles de personas sino que también dio la posibilidad de existir a mis hijos y a mis nietos, que sin él no estarían aquí. Todos nuestros descendientes están conscientes de este hecho”. Qué bueno, pero este tipo de reconocimientos no alcanzan para la estatura moral de Don Gilberto. Es una verdadera pena que Yad Vashem aún no lo haya reconocido como un Justo entre las Naciones. Se trata de un pendiente que la comunidad judía le debe a este mexicano heroico.